Rafa Larreina

Políticamente incorrecto, probablemente inoportuno

Nací en Vitoria-Gasteiz en 1956. Estudié Económicas en la Universidad del País Vasco, PLGP2007 del IESE. He sido Diputado de AMAIUR en el Congreso durante la xª legislatura (2011-2015), coalición de la que forma parte mi partido: Eusko Alkartasuna. Leer más.






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12/02/2019

Reproduzco aquí el artículo publicado hoy en Las Repúblicas


Pendientes de la evolución del “Procés” y del futuro político del Gobierno central, la redacción del nuevo Estatuto Vasco está en “stand-by” encima de una mesa de juristas expertos, sobre cuyo trabajo se cierne la incertidumbre provocada por el discurso del PP, que vuelve a los tiempos de Alianza Popular que votó no al Estatuto actual, la indefinición de Podemos sobre el derecho a decidir y el temor de que en el PNV se imponga el “alma autonomista”. De momento solo el PSE-PSOE-EE y EH Bildu tienen claro su posicionamiento.

Esta semana la actualidad política está centrada en el juicio al “Procés” donde, además del futuro de unos políticos que cumplían con la palabra dada a sus electores, se dilucida también en cierta forma el futuro modelo de Estado. Desde Euskal Herria, en amplios sectores de la población, se observa la situación con una mezcla de envidia por el camino emprendido en Catalunya, indignación por la judicialización del “Procés” e inquietud por la deriva reaccionaria e involucionista de las derechas españolas.

Se ha pasado de los años de aquel comienzo de la “transición inacabada” a la democracia, en la que la cuestión vasca marcaba la agenda política del Estado español, y era la referencia para las diferentes causas soberanistas, a unos tiempos políticos -también convulsos- en los que el soberanismo Catalán marca la agenda política y es punto de referencia soberanista. Esta nueva situación ha hecho que en Euskal Herria, en los ámbitos soberanistas, se mire con “sana envidia” al Proceso Catalán, mientras se plantea la forma de encauzar el proceso vasco.

Tras el cese definitivo de la actuación de ETA -hace ya más de siete años- y de su disolución hace casi un año, en el Parlamento Vasco una comisión de cinco expertos juristas está trabajando en la redacción de un nuevo Estatuto sobre unas bases aprobadasel pasado septiembre y que cuentan con la mayoría de votos de la Cámara Vasca, provenientes de los grupos parlamentarios de PNV y EH Bildu.

Estas bases, que recogen el reconocimiento del derecho a decidir y de la identidad nacional, así como el blindaje de los derechos sociales, económicos y culturales, deben ser no solo los principios inspiradores, sino que también tendrían que tener su reflejo en el texto articulado. Un texto articulado que no se prevé que sea debatido en la Cámara Vasca hasta después de las elecciones del mes Mayo cuyos resultados, sin duda, pueden condicionar la actitud de todos los partidos.

Los de ámbito estatal, con unas derechas en posiciones involucionistas y un PP que cuarenta años después de la aprobación del Estatuto de Gernika afirma que no son transferibles todas las transferencias contempladas en la Ley, y que con las otras que quedan habrá que hacerlo “poco a poco”, recuperando así el discurso de la Alianza Popular que voto no al Estatuto. Con un PSOE muy condicionado por la vieja guardia, al que le puede faltar la valentía política suficiente para equiparar al Estado español a las democracias avanzadas europeas. Y con un Podemos que sigue inmerso en la indefinición a la hora de decidir si está por el respeto al ámbito de decisión vasco o sigue con la deriva hacia la postura tradicional de los partidos del Régimen del 78 a la hora de fijar el modelo de Estado.

 En los partidos de ámbito vasco, en EH Bildu no se prevé que haya cambios en su apuesta por buscar acuerdos posibles con quienes defienden el derecho a decidir y que se ha visto concretada en su acuerdo con el PNV; un Partido Nacionalista Vasco que, en función de la evolución política estatal y los resultados de las municipales, es muy probable que, una vez más, se debata entre sus dos históricas almas -autonomista y soberanista- buscando aquella que le pueda asegurar el más cómodo control del poder institucional.

Así que, hasta que no se conozcan los resultados de los comicios de mayo, la mayoría de las fuerzas van a mantener en “stand-by” los trabajos parlamentarios de un nuevo Estatuto que marque el camino para la República Vasca.

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